Textiles tóxicos: la historia letal del rayón

Continuamente aparecen noticias sobre la toxicidad de la industria textil, sólo superada por la del sector petrolífero. Dos informes de Greenpeace nos alertaban ya en 2012 sobre la contaminación asociada a la creación textil: Puntadas tóxicas: El oscuro secreto de la moda y Puntadas tóxicas: El desfile de la contaminación. A pesar de ello, y quizás debido a que es un sector asociado con lo femenino y, por ello, a una cierta idea de frivolidad, de no amenaza, seguimos sin concienciarnos del gran impacto que otras comunidades, ecosistemas y, en última instancia, el planeta en su totalidad, sufren para alimentar nuestro consumo.

Es por este motivo que desde Niu d’aranyes hemos decidido introducir en el blog un apartado con información sobre la contaminación producida por la industria textil. Para empezar, traducimos aquí algunos párrafos de la reseña de David Rosner sobre el libro del 2016 “Fake Silk The Lethal History of Viscose Rayon”, de Paul David Blanc.

«En marzo de 1846 se hizo un descubrimiento que provocó un profundo impacto en la vida económica de Gran Bretaña y, posteriormente, en la de todo el mundo. El químico Alexander Parke decidió emplear un producto químico con el olor acre de los huevos podridos recién descubierto para convertir el caucho, naturalmente pegajoso, en un material que podría ser moldeado para dar forma a cualquiera de los miles de productos comercializados en los mercados industriales y de consumo en expansión: neumáticos, balones, chupetes para bebés, guantes, etc. Este material era el disulfuro de carbono (CS2). A mediados del siglo XX se convertiría en la base de una gran cantidad de sintéticos flexibles que transformarían la vida de las personas: celofán, productos de caucho, fibras sintéticas…

A finales del siglo XIX se encontró que el CS2, cuando se combinaba con celulosa, forma una fibra sintética estable, fuerte, resistente a los insectos y segura para el uso. Los sintéticos producidos con CS2 y celulosa llegaron a ser conocidos como “Glos”, “seda artificial” y, más tarde, “rayón” [textil a base de celulosa en el que las fibras de los troncos de los árboles y los tallos de las plantas se unen en un tejido suave y absorbente]. Pero un gran inconveniente en el uso del CS2 era que era altamente venenoso: a lo largo de finales de los siglos XIX y XX, enfermedades oculares, alucinaciones, agitación, parkinsonismo y una gran cantidad de desórdenes fueron documentados entre los trabajadores de Europa y Estados Unidos, a medida que el uso de las fibras sintéticas se expandían.

Industrial Rayon Corporation - planta interior - 1936

A través de la historia química, política, médica y social de este, aparentemente, simple material, conocemos numerosos informes de casos de trabajadores que sufrieron horripilantes enfermedades neurológicas en la industria del caucho y del automóvil, a medida que las industrias encontraban formas de explotar África, India y el resto del sur de Asia en busca de la materia prima.

La historia del rayón no es sólo la historia técnica de la industria de los sintéticos modernos y su influencia en los trabajadores y consumidores, sino también un ejemplo de la relación entre la política del siglo XX y la evolución de la propia industria química: la historia de la ciencia y la evolución de la industria están estrechamente entrelazadas. Como ejemplo, y en relación a la ciencia ambiental, cuando Sir Thomas Legge [primer inspector médico de las fábricas y talleres del Reino Unido] identificó a  los trabajadores de las plantas de viscosa como víctimas de enfermedades oculares graves, sus conclusiones fueron refutadas por testigos expertos, consultores de una empresa de fabricación de rayón, objetando que tales informes de lesiones conducirían a “paralizar una industria en alza”.

A pesar de la creciente atención de un puñado de investigadores y organizaciones políticas que vieron en el proceso de producción de estos materiales una amenaza importante para la salud de los trabajadores. De hecho, durante la década de 1930, con una depresión económica y el ascenso del fascismo alemán, tanto la izquierda como la derecha vieron los productos de CS2 como símbolos maduros de luchas sociales y laborales más amplias.

Industrial Rayon Corporation - 1944

Hay que tener en cuenta, pues, los significados culturales de los sintéticos cuando entraron en la corriente principal de comercio en el mundo industrial. ¿El rayón u otros materiales viscosos representaron progreso o retroceso? ¿Fue el rayón un símbolo de modernidad o represión? ¿Fue el uso de Aldous Huxley en Brave New World de la viscosa como símbolo de abaratamiento de la calidad de vida la forma en la que la población general entendería los sintéticos, o lo fue la campaña publicitaria de DuPont que promocionaba sus productos como “Una vida mejor gracias a la química”?

A través de este, aparentemente nimio, descubrimiento, surgió a mediados del siglo XIX una gran industria que afectó a todos los aspectos de la sociedad industrial. La moda, el marketing, los viajes, la economía de consumo, la organización laboral, la represión política e incluso la guerra se ven a través de la lente de esta molécula a base de carbono. Siempre sin olvidar las vidas de las personas, los trabajadores que perdieron la vista, el uso de sus miembros, la capacidad de caminar e incluso hablar; trabajadores que sufrieron cardiopatía y accidente cerebrovascular después de haber trabajado en las plantas».

El libro de Blanc hace un análisis histórico de la aparición del rayón, en el que la industria relacionada con el rayón se centraba en Reino Unido, pero es importante tener en cuenta que, en la actualidad, se produce el 60% del rayón en China, mientras que el resto se reparte entre India, Tailandia y otros países, que siguen sufriendo hoy en día los efectos de esta industria. En febrero de este año, por ejemplo, un trabajador murió y otros 11 se vieron afectados por un escape de sulfato, fosfato y otros gases en la fábrica Century Rayon Limit.

Fábrica de hilos de bordar de viscosa

En el informe “Viscose fibres production“, de Water Footprint Network, encontramos datos sobre el impacto de la producción de viscosa en la actualidad. Si bien es verdad que en los últimos párrafos este informe apunta hacia la intención de los fabricantes de conseguir una producción menos contaminante, como siempre se esconde el problema de fondo: el consumo sin límites que genera un marco en el que es imposible la sostenibilidad de la vida.

Anuncis

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

S'està connectant a %s